Corría tanto como mis pies podían.
Era en vano. Aquella criatura me alcanzaría de todos modos.
Mi pecho ardía, mis pies descalzos estaban llenos de heridas, grandes y pequeñas, mis manos estaban ensangrentadas y mis brazos llenos de raspones que le ocasionaron las ramas de los árboles.
El no estaba aquí para protegerme, pero no tenia la culpa.
Me pregunta si le tengo miedo.
Pero a lo único que tengo miedo es a olvidar.
A olvidarlo a el.
Choque contra algo duro, que provoco que me caiga sobre la hierba húmeda.
Y que mi cabeza se golpeara contra una piedra.
Mientras que todo se iba tornando oscuro escuche un susurro.
-Rosalie, ¡no!, ¿Cómo pudiste?
Esa voz que tanto añoraba. Que me perseguía constantemente en mis sueños.
Ahora mismo debía estar soñando. O alucinando.
Era imposible que esa voz, estuviese presente en la realidad.